25 noviembre 2013

LAS HOJAS AMARILLAS

 
 
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Las hojas amarillas que bajan por el barranco, esconden temblores de una tierra desnuda, ellas palparon en el abismo la oscuridad adherida al silencio que guardan las lechuzas.
Cuando las aguas llegaron al valle, vieron tumbada en una de sus orillas, sobre una toalla multicolor, en la misma posición que “L’Olympia”, de Magritte, apoyada sobre sus codos, con la cabeza levantada mirando su ombligo, una bella mujer.
Ella estaba pensando: Se fue en busca del “vellocino de oro”, sobre su piel –le han dicho- está escrita la fórmula para la obtención de oro y plata. Aún sabiendo que me mentía, le sonreí y lo besé cuando se despidió.
Ella quiso ser como Thot, guardián de los sueños, de sus sueños. No lo consiguió, ellos le conquistaron y, se fugaron.
Las hojas doradas antes de seguir su camino rio abajo, mientras la bella dama las contemplaba, supieron decirle que, a veces cuando mueren las ilusiones, de su caparazón, como del de las tortugas, surge la lira de las ilusiones muertas, surge la música de un nuevo amor.
Las acarició, y envueltas en el remolino provocado por su mano, siguieron con destellos dorados, rumbo al encuentro de su destino.








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