06 marzo 2014

AMOR UNGIDO CON EL ACEITE DE LOS DIOSES


-Existen amores que se van y nos dejan melancólicos. ¿Adónde se dirigen, Gerardo?
-¿El amor que se va? No sé. Solo sé, que deja como el otoño, el alma llena de hojas amarillas.  Oculta un mundo llena de pisadas, de caricias y de recuerdos. Lo curioso es, que, del musgo triste aprisionado entre las piedras del olvido, nacen de nuevo flores de esperanza.
-Gerardo, ¿Cómo crees que sucede ese milagro?
- Mi querida Yoli, la esperanza de encontrar nuevos amores es empujada por una melodía, por un poema o por un viento que arranca cariño de las pasiones, que no poseen ni quieren ser poseídas”.
- Gerardo, mañana debo marcharme, pero volveré la semana que viene. Espero que sigamos viéndonos.
- Muy bien Yoli, esperaré tu regreso con impaciencia. Tu compañía me transporta a un mundo feliz.
- A mí también. Algo sucede. Me olvido de todo cuando estoy contigo. ¡Bueno! ... Dentro de siete días estaré en la cafetería New Year, en la mesa y hora de siempre ¡Hasta luego!
-¡Adiós! Regresa pronto.                        
Un beso cargado de ardiente pasión selló la despedida.
Gerardo siguió la figura de la misteriosa Yoli hasta que se perdió entre la gente que se apresuraba para coger el autobús urbano. Llovía como el día que se conocieron. Pero ahora, una eternidad horrible se estaba adueñando de su corazón. Temía que se apoderara de él, esa quietud oscura de los recuerdos, que gritan desesperados, por recuperar los momentos felices.
La semana anterior se habían conocido en la cafetería de la calle Iris. Ella frecuentaba los bares del barrio; escribía en cuadernos de notas. La gente suponía, que eran poemas y canciones de amor. Escuchaba con atención, melodías que, de un mueble musical antiguo, surgían enmarañando el ambiente de los primeros cafés de la mañana.
Gerardo le vio cuando ella miraba a través de la ventana a la gente que, preocupada por sus problemas y por las gotas de lluvia, apresuraba su paso por la avenida.
Contaban, que un día apareció por el barrio y nadie sabía de donde había venido; nadie sabía con quién o de que vivía. Era un encanto verla pasear por las aceras, con un movimiento grácil de su cintura, entonando a media voz, canciones de moda. Su mirada curiosa, despreocupada de la gente que le admiraba, se paraba en todos los escaparates de las tiendas de ropa de mujer.

Ha transcurrido sin pena ni gloria su jornada laboral. Gerardo pasea en la noche casi muda, encantado del brillo de las calles; intenta coger   colores de las estrellas, que parecen disparados por arcos luminosos. Está quieto mirándolas. Piensa en Yoli:
“Cuerpo vagabundo entre amores. Seducción, una y otra vez. Me vuelvo loco. ¡Qué huella tan profunda me ha dejado! Sus perfiles me inundan con ansia de poseerla. Soy fuego en carne trémula. Todos los minutos de todas las horas son un viaje al infierno del placer frustrado”.
Han pasado siete semanas. Ella no acudió a la cita en el New Year. El agua del estanque rodea la fuente de la plaza, refleja las luces de neón y la expresión de dolor del rostro de Gerardo. Ha cesado de caminar. Sin otra claridad que la de los brillos de una soledad extrema, contempla sobre la palma de la mano, una fotografía de su amada. Escruta una vez más los abismos del recuerdo, que guardan besos de amor ciego, sensaciones que no caben en el alma. Al no poder dar cobijo a tanto desengaño, su cuerpo se estremece como juncos entre el viento huracanado. No le duele la soledad, le duelen los recuerdos.
Mira a su lado. De un pálpito de la noche, sale un joven que le coge del brazo; tiene ojos tristes, tan tristes como los suyos; le sonríe y le dice:
-Ven conmigo.  
Se lo lleva de la mano, atravesando una profunda oscuridad.
- ¿Eres la muerte? ¿Verdad? ¡Mejor! Ni un gemido se oirá, ni una sombra quedará de mi tormento.
-No temas, soy un Cazador de Sueños. He salido de los tuyos, para ayudarte. Tu corazón no deja de galopar duro, hondo, desmoralizado. ¿Vas a esperar por más tiempo a esa mujer?
           -Estoy llamándola una y otra vez para que regrese. Clamo a los cuatro vientos que quiero verla.
-Nadie te oye. En los paisajes que se dibujan en tus sueños, reina una profunda quietud. No hay nadie. Estás prisionero de un amor imprevisible.
           -Esperaré, resistiré la desgracia de no verla. Mientras, permaneceré en compañía de la soledad, que sé que sí me ama, hasta que se realice el sueño de estar otra vez a su lado.
-¿Cómo sabes que la soledad te quiere?
-Si la soledad me despacha de su lado, cosa que no creo, pues somos viejos amigos, marcharé con la noche de la mano, por los campos escarchados de sueños muertos, con la esperanza de que mi amor por Yoli, ya no sea necesario para vivir.
-Gerardo, voy a desviarme de mi ruta. Iré en busca de tu amada, ojearé en sus sueños. Oiré sus pensamientos y conoceré sus intenciones hacia ti. Te traeré noticias.
-¿Dónde esta?
- No te preocupes, yo la encontraré.
-Ten mucha atención, ella es una burbuja, pasará a tu lado y no te darás cuenta; si la ves y la tocas, explotará, la perderás y no la volverás a ver más.
-Es como surgida de la ilusión ¿Verdad? -Le dice sonriendo el Cazador de Sueños.
-No lo sé,   pero es algo muy extraño y profundo. Estoy atrapado y no parece que tenga posibilidad alguna de salir.
- ¿Buscas acaso con tu mente humana, la explicación de tu amor por ella?
- Estoy convencido de que es hermoso vivir un amor que no tenga explicación. Que lo siniestro, es vivir sin amor. Que, el que no ama, está en la oscuridad total. El tren de mi vida nunca había parado en la estación de este amor que me destruye.
-La condición humana es extraña, es, como la bruma incapaz de disiparse...
-Yo tampoco quiero desentrañar el enigma, mi desconocido amigo.
-Pero... Vamos a ver, ¿Tal vez al contarle los amores que habías tenido anteriormente, hizo que acudieran a su mente, como caballos al galope, los torturadores celos?
-¿Por qué? Cuando yo la conocí, había pasado tanto tiempo, que yo no era capaz de distinguir los amores que ocurrieron en realidad, de los que nacieron de mi fantasía
- ¿Acaso no existieron ni unos ni otros?
-Los que fueron de verdad, fueron; Los que fueron deseados, fueron tan hermosos y tiernos, que creí en su existencia inmortal. ¿Quién es capaz de matar esos sueños? ... Nos encontraríamos solos. Dime, extraño Ser, ¿Quién puede acusarme de provocar celos por amores anteriores? Esta locura que tengo, espero que se termine con el regreso de ella, si es que vuelve. Pero tengo miedo.
Gerardo que, bañado por la Vieja Luna, está tumbado en el banco de la plaza, es zarandeado por un guardia municipal.
-¿Estás bien muchacho? -Le saluda con dos dedos de su mano derecha en la visera de la gorra.
-Sí, gracias. Me he dormido. Buenas noches.
Gerardo se aleja, pensando en el extraño sueño, hacia su domicilio.                            
                                  

Los Cazadores de Sueños han apagado la lámpara del Tiempo. La magnetita cristalina de sus cerebros se ha alineado en el campo magnético del espacio sideral, y se han reunido en la Ciudad de las Estrellas.
Esta Ciudad es ilimitada, tiene sus propias coordenadas. Por ellas caminan las fantasías y las ilusiones de todos los seres. Viven los Cazadores, en un mundo que tiene su existencia al margen de cualquier otro.  Todos ellos, están marcados por el destino que ellos mismos soñaron en sus existencias y caminan a su encuentro.
Atho de Jazaria, el Cazador de Sueños, está contemplando desde una ventana, que el paisaje de la huída no está puesto. Cerca, ve y oye a los otros Cazadores que, como él, llegan para reponerse de sus cacerías.
La casa de reunión cósmica, tiene un reloj de sol en la puerta que está parado; rosas de rocío adornan los ventanales; juncos verdes en las aceras señalan las sendas de los vientos; a lo lejos, se divisa numerosas montañas entre caminos azules; nubes bajas, sobre zarzas que arden con los colores del alba; mares de hierba que mueren cerca de la nada. Más allá, ningún sonido, ningún silencio. Nada.
¡Cuanta calma! Las flores regeneran perfumes que vienen de los montes; las sombras de los abedules esmeralda rodean el edificio inventado por los arquitectos de los ensueños; alguien está escribiendo historias de amor bajo un cielo lleno de escarabajos de colores.
La mañana ya está llegando de su ausencia. Viene abriendo sus grandes ojos verdes. Los dioses de una primavera única, elevan la tranquilidad de los presentes a una calma intensa.
-Atho, ¿Tiene sentido la vida? Me refiero a la vida de los seres humanos. ¿La muerte es un fin o un simple tránsito? ¿Tiene algún significado el sufrimiento? ¿Nuestro destino, como el de ellos, está sellado de antemano?
Este montón de preguntas agolpadas en el alma de Rahika, salen atropelladas, hacía su amigo.
-Imagínate Rahika: En una esquina, un vagabundo y su perro que ladra. Se encuentran lejos del sol que acaricia los tejados;  la calle oscura es la vida; la mirada de ambos, la inteligencia de los seres; los tejados, el egoísmo y la soberbia; el sol, la Divinidad, la suprema Verdad; nada es posible si la Luz del Amor no llega a iluminar el alma de los humanos.
-¿Se nace para lo sagrado?
Rahika sigue pensando trascendente, y escucha las palabras de Xurko, que posee esa sabiduría nacida de la soledad de las cumbres.
   -Yo sí creo en la Vida que, partiendo del Primer Amor, profanó el Misterio del Eterno Silencio, y perdió la Inmortalidad. La vida cayó en la oscuridad. La situación desde entonces es desesperada. Los humanos quedaron a merced de los dioses y de las súplicas. Pero... dejemos estos asuntos transcendentes y hablemos de nuestras propias actividades.
Fruga, la Cazadora en los territorios de esperanza, iluminando a todos con sus ojos dorados, dice:
-Atho, cuéntanos como fueron los amores de Gerardo y Yoli.
Tras una pequeña pausa:
- Pues... cazando en los sueños de Yoli aprendí, que dentro del ser humano existen zonas que no se debe compartir con nadie, ni siquiera con el gran amor. Yoli tiene secretos de una vida íntima muy vulnerables. Pudorosa unas veces y vergonzante otras, anida secretos para su satisfacción o para su penitencia.
           - ¿No le contó a Gerardo, a pesar de que tanto le quería, la verdad sobre su pasado?
La ansiedad se hacía notar en la voz de Fruga.
-Querida, el amor fascina, atrae poderosamente, sin él, los humanos no habrían despegado de los simios.  La mayor parte de los amores son efímeros, engañosos, sin control. Entre los recuerdos de los viejos amores existen mundos de soledad, están surcados por caminos de olvido. La paz no es compañera del amor. Esta siempre entre dudas y tormentos. No se les enseña a amar, pasa el tiempo, y, tampoco aprenden.
-Es todo tan extraño -dice Rahika.
-El amor entre los humanos, en el mayor parte de los casos, es hermoso pero efímero. En el caso de Yoli y Gerardo... Los amores que anidaron en el corazón de ella antes de conocer a él, eran de pasiones fuertes, pero tristes y breves. El que sentía por Gerardo, destruía aquellos lazos. “De qué me sirve haber atesorado pasiones increíbles, sin tengo que renunciar a ellas, por éste que parece ser para siempre...” - pensaba cuando se veían, y levemente aturdida por la mirada de Gerardo, contemplaba la devoción de sus ojos, llenos de vitalidad y pasión. No tenía para ella ningún sentido, era un movimiento raro, que sin querer, le estaba llenando de locura. Ella no quería ser mujer de un solo hombre.
Y seguía pensando...
”Este es un amor tranquilo, de los que no se pierden en las profundas grietas de la oscuridad; luz protectora; pausa de bellos azules; deja ver alegría y conoce el rostro de lo eterno. Los otros cuerpos que he conocido, están deformados de aguantar tanta ruina moral de las caricias de mentira; amores que llueven sobre paisajes sin memoria; hacen brotar escorpiones que devoran la frontera de la verdad amorosa”.
 Tras una pequeña pausa, Atho prosigue:
-Hacía tiempo que a Yoli las pasiones le asediaban. No creía ser merecedora del amor puro de Gerardo.
Rahika, comenta:
-Creo amigo Atho, que para todos llega el momento de dejar las pasiones, suave, muy suave, en ese territorio, donde los humanos quieren ser ángeles, y a los antiguos amores que se fueron tras otros cuerpos, no guardarles rencor. Yoli tiene derecho a disfrutar del amor especial de Gerardo. Seguramente el sonido de sus amores pasados le debía esclavizar, y no le dejaban sitio para el nuevo.  ¿Qué hacer ante esta situación? ¿Fingir la verdad o sincerar la mentira?
Seguía recordando Atho:
Estaba sentada Yoli en un banco del parque y, formando yo, parte de sus pensamientos como interlocutor, se produjo este diálogo: “-Odio que seas así, siempre igual, recibiendo amores retorcidos, encima no eres ni un poco viciosa -le increpé
“-¡Y tu qué sabes! ¿Moralidad inmutable? ¿Desprecio de los amores que no son puros?-contestó irritada.
“-¿Sabes lo que puede ocurrirte?...
“-No es necesario...
“-  ... el cariño y la ternura, parece faltarles a los hombres.
“-No soy pura, doy libertad absoluta a los hombres para que me posean. No les pido nada a cambio.
“-¿Confías en los hombres?
“-Siempre lo he hecho. ¡Siempre lo he hecho! Estoy siempre muy segura de mi misma. 
“-¿No quieres recuperar a Gerardo, verdadero amante, amante ideal, la magia de amor que soñaste de niña?
“-La culpa es de los primeros hombres que se acercaron a mí.
“-Pero... ¿Los amabas?
“-No.
Tras un corto silencio, prosigue:
Pasado cierto tiempo. Una tarde de verano había tropezado con un vacío de amor. La serpiente de los celos se retorcía sin dejarle pensar.
Se decía así misma:
“¿En qué hombre podré confiar? 
Y pensaba en Gerardo. Por fin exclamó:
“¡Sí! Solo hay una respuesta. No puedo dejar que el amor de Gerardo se convierta en una ruina.
Y decidió volver.
Rahika curiosa, le pregunta:
-¿Pensó contarle su vida de prostitución? O ¿Los ángeles que vigilan el futuro incrementaron el poder del viento que atrae los olvidos?
-No, los ángeles de pluma negra, no diferencian, no saben distinguir el olvido, del recuero ni el dolor, del placer.
-¿Por qué pues, vigilan el futuro de los hombres?
Fruga, no conoce el misterio de los ángeles que disponen los caminos hacia el destino de cada uno de los humanos.
Atho impuesto en el conocimiento del último grado del Misterio, le contesta:
-Llegará un día que los humanos podrán viajar en el tiempo, viajar a su propio futuro. Pero... los Ángeles Sombra, cortarán el paso. Irán colocando a la humanidad en la frontera exacta, entre el presente y el futuro, que reconocerán como su casa y quedarán allí para siempre.
-¿Será la oscuridad el destino de los humanos?
Y Rahika exclama:
-¡Ya no habrá vida!
Atho se acomoda sobre su asiento entrelazando sus dedos. Y prosigue:
-Hubo un Gran Pensamiento. Alrededor existía la Eternidad. El Alma nació de ese Pensamiento. Y el Alma se Expandió al Futuro. El pasado no existía para el Alma que nació del Pensamiento. Con el Alma nació la Vida.
Las leyes físicas hacen imposible construir una máquina que lleve a los humanos al Futuro, a su futuro. Pero... existen otras leyes, no físicas, que nacidas del Pensamiento, permiten -fuera ya del cuerpo- pasar al Futuro, viviendo el Presente. Es la reducción de la Eternidad a la mínima expresión. Todo está en ese momento infinitamente pequeño. El Pasado, el Presente y el Futuro, son la Eternidad en un punto. Los Ángeles de Alas Negras, son el Punto.
- ¡Dejemos eso! ¿El amor de Yoli tendrá un final feliz?
Al decir esto, Rahika apoya su cabeza en el hombro de Atho.
-En algún momento le pregunté:
“-¿Le contarás tu vida anterior?
“-Pertenezco a la gris y asombrosa quietud de las mujeres liberadas por el olvido de los recuerdos de los malos momentos. Rechazo los recuerdos de aventuras pasadas, porque, produce desorden en los sentimientos de las nuevas amistades. Es posible que, adormecida por la esperanza de encontrar otro amor, me acelere con los olvidos. Todos esos recuerdos, guardados, me llevarían a la destrucción. Pero... ¿Cuándo y cómo sabré cuál será el auténtico? No sé si renunciar a todos para siempre esperar. Prefiero ir del bullicio al silencio. Encerrarme en mis pensamientos.
Atho sigue:
-Los pensamientos son vida segura; las personas destrozadas se refugian en ellos. Así dominan por momentos las quimeras que tiranizan su existencia.
Mientras tanto...
La escena tenía encanto. Ella, con la sonrisa congelada y brillante, él, con rostro estúpido, estaban llenos de felicidad.
En el escandaloso infierno de una noche de verano, crecía la música en la plaza, mientras, el bullicio de la fiesta del barrio, se alejaba por las callejuelas estrechas, llenas de profundos silencios hasta entonces.  Los tejados, las farolas, los coches aparcados sobre las aceras y los portales de las casas, recogían los últimos ecos. Las luces de las estrellas parecían caer dormidas como niños en su cuna. Las sombras de los edificios, empujadas por la luz de la luna llena, se alargaban tristemente, sin ruido.
¡Imposible borrar la magia de ese encuentro!
Yoli y Gerardo, no parecían estar en este mundo, ni, en la alegría de la fiesta. Era un instante divino, un estallido de felicidad, que transforma sus corazones en un éxtasis misterioso.
La tarde anterior, se habían encontrado en Alquezar, lugar, que por motivos de trabajo, residía Gerardo. Era un día brillante, la Colegiata que domina el pueblo, acariciada por el río Vero, resplandecía llena de hermosura e historia.
Cuando Yoli estuvo cerca de su amor, sus ojos se llenaron de lágrimas, y algo de esplendor del paisaje se fue rodando por sus mejillas.
Las montañas, con sus crestas, formaban castillos de leyendas anteriores a los tiempos. El sol que caía por una línea infinita, daba movimiento a las sombras de los árboles, que se ocultaban tras el paisaje camino de un melancólico atardecer. Un aliento de aire enjugó la última lágrima .Reflejó el dorado. Sonrió.
Transidos de melancolía, llenos de un silencio profundo e inmenso, era posible sentir el amor que pasaba de uno a otro, como los sueños felices transitan por las rutas inmortales que llevan a la morada de los dioses.
No se debe reprimir el amor, como no se debe coartar la libertad.



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