31 mayo 2014

CONFESIÓN ABIERTA COMO LAS RAMAS DE LA ENCINA




  

Parecía un retroceso hacia el ocaso, o quizá, al vacío, hacia la soledad agradable. Irrumpí, como el viento, en una nostalgia que esparcía la semilla de los recuerdos en silenciosa desesperación.
Adentrándome   en el horizonte, até la noche y, las perlas esparcidas, brillaron, y escribieron la magia de mi destino: “Tu amor, es el paraíso del que fuiste expulsado. Se quedó al otro lado. Lo que, desde entonces identificas como amores, son bellos sueños que se desvanecen, y vas errando por un purgatorio”.
Trato pues, de acelerar el pulso de la vida.
La bestia que escucha los ecos de mi sufrimiento, gira como hojas otoñales arrancadas a la tierra que amortaja. Una soga de ahorcado pende del árbol sagrado, donde a los dioses se les permite el suicidio.
Miro con desconfianza el final de esta desesperación.
La buena suerte cabalga sobre pájaros que se espantan fácilmente.  He podido estar atrapado por ella, pero, ¿Quién puede retenerla para siempre?
Como los árboles: Soy nudoso como el castaño, frondoso como el boj, puntiagudo como el pino, y mis amores: Son umbríos como el haya, frágiles como el taray, y exóticos como la palma de oriente.
Recogeré arcilla de los cuatro puntos cardinales y enterraré mis sueños al este del Edén.


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